De la bota militar a la bota electoral: el PRI en Tlatelolco

De la bota militar a la bota electoral: el PRI en Tlatelolco

De la bota militar a la bota electoral: El PRI en Tlatelolco

El PRI-DF anunció el día de ayer, 26 de mayo, que ha programado el cierre de sus campañas electorales en la emblemática plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco, para el domingo 29. De manera inmediata se produjeron comentarios en contra. Y ya hay una convocatoria para manifestarse ese mismo día “ocupando la plaza” antes que lo haga el PRI.

Los argumentos y críticas contra el acto político del PRI, se centran esencialmente en su “falta de memoria” o en el “cinismo político” de los asesinos de Tlatelolco, homologando, de manera ahistórica, el PRI del 68 al PRI de 2016.  ¿Pero en realidad se trata de eso?

Más allá del repudio que genera saber que las mismas siglas partidarias responsables de la ocupación militar de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, asesinando a cientos de estudiantes allí reunidos, ocupen ahora, 48 años después, la misma plaza para un acto electoral, lo que hay que preguntar es ¿por que le es lícito hoy al PRI convocar a un acto político en Tlatelolco?

En 2012, en su toma de posesión como presidente de la república, Enrique Peña Nieto sentenció: “Millones de mexicanos, desde 1910, de todas las filiaciones, libraron una gran batalla cívica por la democracia en el Siglo XX. Pero fue a partir del movimiento estudiantil del 68 y de las sucesivas reformas políticas, que se aceleró la democracia”. ¿No fue este discurso otra manera de ocupar Tlatelolco?

Tanto el discurso de Peña Nieto como el anuncio del PRI-DF, no tienen que ver con la desmemoria o el cinismo político (aunque puedan ser unos políticos cínicos), sino con un proceso complejo, por el cual el movimiento popular de 1968 fue efectivamente dislocado, y cómo su historia y su memoria se han ido construyendo. Eugenia Allier Montaño, en su ensayo “De conjura a la lucha por la democracia: una historización de las memorias políticas del 68″ que aparece en el libro Las luchas por la memoria en América Latina. Historia reciente y violencia política, traza el proceso de construcción de las memorias políticas del 68, construcción que no fue cínica, y en la cual participaron tanto las izquierdas como las derechas. La memoria no es estática, la memoria es una lucha por la hegemonía que se da en el ámbito público. 

Si el PRI-DF puede anunciar que llevará a cabo un cierre de campaña electoral en Tlatelolco, significa que la memoria sobre el 68 que se ha construido como hegemónica lo hace posible, una memoria en la cual el 68 no se presenta como ruptura, sino como continuidad. 

Hoy la normalización de 1968 parece haber quedado sellada. De aquella ruptura radical lejos pueden observarse algunos destellos que se cuelan por entre la intrincada red del calendario cívico-político que celebra la alternancia y transición democráticas, en la que ha quedado subsumido ese año, decía Monsiváis: “Y de golpe la unanimidad se precipita no hay quien cuestione el valor y la calidad moral del Movimiento”, toda ruptura encuentra sutura, todo quiebre se recompone en ese continuum que la transición a la democracia ha querido construir: hasta las derechas ahora pueden mirarse y reconocerse en ese espejo de 1968 sin quedar aterrorizadas, cual Gorgona, con su reflejo.

 

 

Historiador.