Semblanza

  

Camilo Vicente Ovalle

Realiza un doctorado en Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su línea de investigación es la violencia política y la represión de Estado en la segunda mitad del siglo XX en América Latina. Actualmente, se encuentra trabajando en una historia sobre la desaparición forzada en México, entre las décadas de 1950 y 1980. Sus últimas publicaciones son: “El enemigo que acecha. Enemigo político y represión en México en la década de 1970”, ensayo incluido en el libro Escrita con sangre. Historia de la violencia en América Latina, siglos XIX y XX, publicado por la Universidad de Santiago de Chile, 2013. Y en coautoría con Eugenia Allier Montaño, “As an unhealed wound’: Memory and Justice in Post-Dictatorship Uruguay”, en The Struggle for Memory in Latin America. Recent History and Political Violence, publicado por Palgrave Macmillan, 2015.

PhD candidate in History at Universidad Nacional Autónoma de Mexico. His main research area is on political violence and State repression, in the second half of twentieth century in Latin America. Currently, he is working on a history of enforced disappearances in Mexico between 1950 and 1980. His recents publications are El enemigo que acecha. Enemigo político y represión en México en la década de 1970”, an essay included in the book Escrita con sangre. Historia de la violencia en América Latina, siglos XIX y XX, edited by Universidad de Santiago de Chile, 2013; and in colaboration with Eugenia Allier Montaño, “As an unhealed wound’: Memory and Justice in Post-Dictatorship Uruguay”, in The Struggle for Memory in Latin America. Recent History and Political Violence,edited by Palgrave Macmillan, 2015.

 

Hace muchos años, una sobreviviente y testigo de la represión durante las décadas de 1970 y 1980, al narrarme su experiencia, enfatizaba sobre un hecho: al sexto día de estar detenida-desaparecida, en alguno de los sótanos de alguna de las dependencias judiciales que funcionaban como cárceles clandestinas, se percató que no era la única en esa condición. De pronto fue consciente de que allí había otras 11 personas. Años después una pregunta y una posibilidad seguían rondando su pensamiento: ¿Habrán sobrevivido, como ella, aquellos otros 11 detenidos-desaparecidos? Y la posibilidad era aún más terrible: quizá se hayan convertido en 11 historias que jamás puedan ser contadas, que jamás nadie, excepto ellos mismos de haber sobrevivido, se atreva nunca a contar.

Así, de la mano de esa terrible posibilidad, me llegó la Historia como una exigencia ética y política.

Esta exigencia, con el tiempo, se ha ido confirmando como concepción y método. E.P. Thompson, en un texto en el que critica ferozmente a Althusser, al reflexionar sobre la relación entre teoría y empiria (par indisoluble en la investigación histórica) sostenía que el dato empírico no es inerte o pasivo, éste clama y se remueve en el tiempo “ante nuestros ojos”: “Este o aquél otro texto muerto, inerte, de un determinado documento no es en absoluto «inaudible»; tiene por sí mismo una ensordecedora vitalidad; se trata de voces que irrumpen clamorosas desde el pasado, afirmando sus propios mensajes”, mensajes que en determinados momentos, como sostenía Walter Benjamin, se convierten para nosotros en una cita impostergable. 

Camilo Vicente

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